28.11.05

Mientras en Madrid los comunistas y sus afines obligaban, bajo las más graves amenazas, a escritores y profesores a firmar manifiestos, a hablar por la radio, etc., cómodamente sentados en sus despachos o en sus clubes, exentos de toda presión, algunos de los principales escritores ingleses firmaban otro manifiesto donde se garantizaba que esos comunistas y sus afines eran los defensores de la libertad.

(José Ortega y Gasset: La rebelión de las masas. Madrid: Espasa, 2005, p. 267. Cfr. con Julio Rodríguez-Puértolas: Historia de la literatura fascista española. Madrid: Akal, 2008, vol. I, pp. 178-179.)