28.1.08

Riendo con Demócrito. Llorando con Heráclito.

Hernando de Acuña: Varias poesías. Edición de Luis F. Díaz Larios. Madrid: Cátedra, 1982, p. 265:
DEMÓCRITO Y HERÁCLITO.

DEM. De tu tristeza, Heráclito, me espanto,
y de nuevo me admiro cada hora
que, viendo el mundo y lo que pasa agora,
ya no hayas convertido en risa el llanto.

HERÁC. Yo me admiro, Demócrito, que cuanto
en este triste siglo que empeora
crecen más las miserias de hora en hora,
más crece tu placer[,] tu risa y canto.

DEM. ¿Pues quién no reirá si, en paz y en guerra,
el gobierno del mundo y el consejo
es todo desconciertos y locura?

HERÁC. Lo que a ti te da risa a mí me atierra,
eso me tiene ya doliente y viejo,
y eso me llevará a la sepultura.
Francisco de Quevedo: Poesía original completa. Edición, introducción y notas de José Manuel Blecua. Barcelona: Planeta, 1999, p. 535:
INSINÚA CON DONAIRE QUE LAS MISERIAS DE ESTA VIDA DIGNAMENTE PUEDEN SER MOTIVO DE LLANTO Y DE RISA TAMBIÉN*

¿Qué te ríes, filósofo cornudo?
¿Qué sollozas, filósofo anegado?
Sólo cumples, con ser recién casado,
como el otro cabrón, recién vïudo.

¿Una propria miseria haceros pudo
cosquillas y pucheros? ¿Un pecado
es llanto y carcajada? He sospechado
que es la taberna más que lo sesudo.

¿Que no te agotes tú; que no te corras,
bufonazo de fábulas y chistes,
tal, que ni con los pésames te ahorras?

Diréis, por disculpar lo que bebistes,
que son las opiniones como zorras,
que uno las toma alegres y otro tristes.

* «Verifícalo con Heráclito, filósofo, que siempre las lloraba, y con Demócrito, filósofo ansí mismo, que siempre las reía». Nota de González de Salas.
Véase también Miguel Sánchez de Lima: El arte poética en romance castellano. Edición de Rafael de Balbín Lucas. Madrid: C.S.I.C., 1944, p. 24: «Los sabios y virtuosos se andan por los rincones, unos riendo con Demócrito y otros llorando con Heráclito la lamentable miseria y calamidad a que nos han traydo nuestros peccados»; Diego de Saavedra Fajardo: República literaria. Edición de Vicente García de Diego. Madrid: Espasa, 1956, pp. 91-92 y 116-117: «Entrava por la misma calle Demócrito dando tan grandes risas que me obligó a preguntalle la causa [...]. I Eráclito, que estava a un lado, los ojos en tierra, vertiendo lágrimas, alzó con la voz la frente»; Russel P. Sebold: Cadalso: el primer romántico «europeo» de España. Madrid: Gredos, 1974, p. 247; Lope de Vega: Obras poéticas. Edición de José Manuel Blecua. Barcelona, Planeta, 1983, p. 909: «Heráclito, con versos tristes, llora; / Demócrito, con risa, desengaña»; Juan de la Cueva: Exemplar poético. Edición de José María Reyes Cano. Sevilla: Alfar, 1986, p. 106: «La comedia es retrato del gracioso / i risueño Demócrito, i figura / la tragedia d’Eráclito lloroso»; Lope de Vega: La Dorotea. Edición de Edwin S. Morby. Madrid: Castalia, 1987, p. 376: «¿Qué os puede haber sucedido, que de un Heráclito venís hecho un Demócrito?»; Baltasar Gracián: El discreto. Edición de Aurora Egido. Madrid: Alianza, 1997, p. 213: «No siempre se ha de reír con con Demócrito, ni siempre se ha de llorar con Heráclito»; Alonso López Pinciano: Philosophía antigua poética. Edición de José Rico Verdú. Madrid: Turner, 1998, p. 381: «Es de saber que, como la tragedia fue un retrato de Eráclito, la comedia lo es de Demócrito; [...] y ansí ésta como aquélla, llorando y riendo, enseña a los hombres prudencia y valor»; Juana Inés de la Cruz: Poesía lírica. Edición de José Carlos González Boixo. Madrid: Cátedra, 2000, p. 237: «Versifico desde entonces / y desde entonces poetizo, / ya en demócritas risadas, / ya en heráclitos gemidos» [cfr. con Octavio Paz: Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe. México: F.C.E., 2008, pp. 332, 391]; José Antonio Maravall: La cultura del Barroco. Barcelona: Ariel, 2002, pp. 322-323; Francisco Rico: Estudios de literatura y otras cosas. Madrid: Destino 2002, pp. 221 y 257, n. 13, con bibliografía; Diego de Saavedra Fajardo: República literaria. Edición de Jorge García López. Barcelona: Crítica, 2006, p. 78; Laurence Sterne: Tristam Shandy. Madrid: Alfaguara, 2006, p. 427: «¿Acaso no era Demócrito, quien se rió diez veces más que yo, escribano de Abdera? ¿Y no era (se me ha olvidado su nombre), quien tenía más discreción que cualquiera de nosotros dos, escribano de Efeso?»; Robert Burton: Anatomía de la melancolía. Madrid: Alianza, 2006, pp. 150: «Fue únicamente el comportamiento de Demócrito lo que hizo suponer a los abderitanos que estaba loco y buscar a Hipócrates para que le curara; cuando estaba con alguna compañía solemne, se reía sin parar por cualquier cosa. Teofrasto cuenta lo mismo de Heráclito, sólo que lloraba continuamente»; Begoña López Bueno (ed.): La renovación poética del Renacimiento al Barroco. Madrid: Síntesis, 2006, p. 242: «y tú en reír y yo en llorar, ¡qué extremos!, / Demócrito y Heráclito seremos» [Lope]; y François Rabelais: Gargantúa. Madrid: Alianza, 2008, p. 108: «Con lo que por ellos eran representados Demócrito heraclitizando y Heráclito democritizando». Cfr. con Raymond Klibansky, Erwin Panofsky y Fritz Saxl: Saturno y la melancolía. Madrid: Alianza, 2006, pp. 15-16; véanse también, ibídem, las pp. 106 y la n. 33, en las pp. 225-226.