26.7.07

«Que por mayo era, por mayo»; versión extendida.

Por el mes era de mayo,
cuando hace la calor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero:
¡déle Dios mal galardón!
Cabellos de mi cabeza
lléganme al corvejón;
los cabellos de mi barba
por manteles tengo yo;
las uñas de mis manos
por cuchillo tajador.
Si lo hacía el buen Rey,
hácelo como señor;
si lo hace el carcelero,
hácelo como traidor.
Mas ¡quién ahora me diese
un pájaro hablador,
siquiera fuese calandria,
o tordico o ruiseñor;
criado fuese entre damas
y avezado a la razón,
que me lleve una embajada
a mi esposa Leonor,
que me envíe una empanada,
no de truchas ni salmón,
sino de una lima sorda
y de un pico tajador:
la lima para los hierros
y el pico para el torreón!
Oídolo había el Rey,
mandol quitar la prisión.

Julio Cejador y Frauca (ed.): La verdadera poesía castellana. Floresta de la antigua lírica popular. Madrid: Tipografía de la «Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos», 1921-1930, vol. II, pp. 214-215; otras cuatro versiones, en las pp. 216-217 y 220. Se suelen editar sólo los catorce versos del inicio; vid. Romancero. Edición de Julio Rodríguez Puértolas. Madrid: Akal, 1992, pp. 169-170 y nota ad locum:

Seis versos de este famosísimo romance aparecieron ya en el Cancionero General de 1511; es un romance trovadoresco, de finales del siglo XV. Las versiones largas, «noveladas», terminan con un final feliz, tras complicadas peripecias, pero es en ésta, en la corta, donde se condensa «el intenso lirismo del lamento del prisionero, más penoso por ser tan breve y sencillo» (Colin Smith, op. cit., p. 207).