14.2.09

Walter J. Ong: Oralidad y escritura. México: F.C.E., 2004, p. 79:

En fecha tan reciente como el Renacimiento europeo, los alquimistas que sabían leer y que utilizaban etiquetas para sus frascos y cajas, tendían a poner en los marbetes no un nombre escrito, sino signos iconográficos, como los diversos signos del zodiaco; y los tenderos no identificaban sus locales con palabras escritas con letras, sino con símbolos iconográficos como la rama de hiedra para una taberna, el cilindro rojo y azul del barbero, las tres esferas del prestamista.


Pedro Calderón de la Barca: El médico de su honra. Edición de D. W. Cruickshank. Madrid: Castalia, 1969, p. 213:

Los que de un oficio tratan,
ponen, señor, a las puertas
un escudo de sus armas.



Juan Fernández de Heredia: Obras. Edición de Rafael Ferreres. Madrid: Espasa, 1955, p. 204:

La justicia se despierta,
y sabéis como va rasa,
que manda por cosa cierta
que tenga ramo a la puerta
quien tiene taberna en casa.


Véase también Pío Baroja: La feria de los discretos. Madrid: Alianza, 2006, pp. 78, 99 y, sobre todo, 110-112, donde se alude a los símbolos característicos de un «ventorrillo» («un manojo de sarmientos»), «un taller de platero» («una romana de cartón»), «una guantería» («dos manos rojas»), «una barbería» («una bacía»), «una pollería» («un gallo sobre una bola»), «una botica» («una bola roja o azul en un escaparate»), «una colchonería» («un colchoncillo muy chiquirritito colgado»), «las cerrajerías» («una o dos manos negras que sujetan unas llaves»), «las encuadernaciones» («un libro mayor»), «las tiendas de los ópticos» («unos quevedos grandes, muy grandes») y «los salones de peinar señoras» («un busto de mujer que se asoma a un balcón como a tomar el fresco»).

2 comentario(s):

Petrarca dijo...

¡Qué interesante! Que yo sepa lo que más se conserva hoy es el cilindro de las peluquerías. También he visto que en las novelas del XIX abundan las tabernas con nombres tipo "el caballo de oro", "la golondrina de oro", "la fontana de oro"... Supongo que debía ser para ocultar la escasa higiene del interior.

Javier Álvarez dijo...

El cilindro es clásico entre los clásicos: me encanta el que sale en los créditos de El hombre que nunca estuvo allí.