13.9.07

Mas yo creo que de tropiezos de esposa
son culpables los maridos; esto es, que con nosotras no cumplen,
y en cofres ajenos guardan tesoros que fueron nuestros.
O estallan, ridículos, con ataques de celos,
y nos encierran; o nos golpean,
y merman, por despecho, el estipendio debido.
Agallas tiene la mujer, y además de piedad
conoce de venganzas. Sepan los hombres que también la esposa
tiene sentidos: que puede ver y oler,
que paladar tiene, y que lo amargo distingue de lo dulce,
tal como hace el marido. ¿Qué es lo que hacen
cuando nos cambian por otras? ¿Holgar?
Bien está. ¿Holganza fruto del afecto?
Está bien. ¿O es la flaqueza lo que les equivoca?
Muy bien. Pues afectos tenemos, y deseos
de holgar, como el hombre, y flaquezas, como los hombres.
De lo nuestro buen uso hagan, y que lo sepan:
que los vicios que aprendemos, los hombres nos los muestran.

(William Shakespeare: Othello. Edición del Instituto Shakespeare. Madrid: Cátedra, 2002, pp. 250-251.)

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Algunos otros discursos «feministas» del Siglo de Oro:

[1.] Juan Fernández de Heredia: Obras. Edición de Rafael Ferreres. Madrid: Espasa, 1955, pp. 29-33.

[2.] Francisco de Quevedo: La Hora de todos y la Fortuna con seso. Edición de Jean Bourg, Pierre Dupont y Pierre Geneste. Madrid: Cátedra, 1987, pp. 351-353.

[3.] Juana Inés de la Cruz: Poesía Lírica. Edición de José Carlos González Boixo. Madrid: Cátedra, 2000, pp. 222-224.

Vid. además Juan Rufo: Apotegmas. Edición de Alberto Blecua. Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2006, p. 224.