Los chirlones de feria, los vendedores de coplas de amor y de horror, los que retuercen el cuello al cuervo burlón del arte pictórico en el pastel de los barquitos bajo la luna, los que domestican su hambre de faquires devorando bombillas, los que al lagarto y a la culebra las amigan para vender bálsamos, los que enseñan la llaga y el muñón, los que dan para el pelo el agua secreta que hace encabellecer a los calvos, los que a las cuarenta cartas les hacen un trajín de cuarenta reales... Todo el suburbio de la feria está ya trabajando.
***
—¡Ay!, ¿qué será donde no hay, y donde no hubo ni habrá, qué será?
La vieja vendedora de coplas movía la cabeza a un lado y a otro, el ojo sin vista disparado de la órbita, haciendo la queja al son del decir:
— ¡Ay!, ¿qué será donde no hay, y donde no hubo ni habrá, qué será?
La vieja barajaba su mercancía, verde y roja.
—La copla moderna. La samba, el mambo, el bugui... Diviértanse, jóvenes, diviértanse.
(Ignacio Aldecoa:
Con el viento solano. Madrid: Alfaguara, 2010 [eBook].)
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