7.12.12

La segunda mejor cama de William Shakespeare.

James Joyce: Ulises. Barcelona: DeBolsillo, 2012, pp. 333-335:
Se enfrentó con el silencio de ellos.
Al cual así Eglinton: 
   Se refiere usted a la última voluntad [de William Shakespeare]. 
Eso lo han explicado, creo, los juristas.
Ella [su esposa: Anne Hathaway] tenía derecho a su parte de viuda
según la ley. Él sabía mucho de derecho
dicen nuestros jueces. 
De él se ríe Satán,
burlón:
Y por consiguiente omitió el nombre de ella
del primer borrador pero no se dejó fuera
los regalos para su nieta, para sus hijas,
para su hermana, para sus viejos compadres de Stratford y de Londres. Y por consiguiente cuando le apremiaron, según creo, a mencionarla
le dejó su
secondbest bed 
 segunda cama. 
Punkt 
Ledejosu
segundaca
ledejosu
camagunda
gundacama
dejocama.
¡So!
—Los buenos de los campesinos tenían entonces poco mobiliario —observó John Eglinton— y siguen teniéndolo, si es que nuestros dramas rurales son fieles a la realidad. 
—Él era un rico caballero de campo —dijo Stephen— con un escudo de armas y fincas en Stratford y una casa en Ireland Yard, un accionista capitalista, un promotor de proyectos de ley, un arrendatario de diezmos. ¿Por qué no le dejó a ella su mejor cama para que pasara el resto de sus días roncando en paz? 
—Está claro que había dos camas, la mejor y la no tan buena, best and secondbest —dijo agudamente el señor Secondbest Best. 
Separatio a mensa et a thalamo —mejoró Buck Mulligan y fue sonreído. 
—La antigüedad menciona camas famosas —dijo No-Tan-Bueno Eglinton, con boca en puchero, camasonriendo—. Déjenme pensar.
José Deleito y Piñuela: La mala vida en la España de Felipe IV. Madrid: Alianza, 2008, pp. 209-210:
El sacerdote francés Juan Muret, agregado a la embajada del arzobispo de Embrum, en su carta cuarta, pondera el abuso del juego en Madrid, afirmando que no sólo se jugaban el dinero, sino también los muebles, y hasta los criados. «Desde que estoy en esta villa», escribe, «he visto desguarnecer una casa de todas sus tapicerías porque el dueño se las había jugado la noche anterior. Uno de los grandes se ha jugado una cama de su mujer con bordados de oro, que la había hecho venir hacía poco de Génova, y que muchas damas habían ido a ver algunos días antes por curiosidad.»