8.11.09

Acentuación aguda de los imperativos «esdrújulos».

REINA.- Pues ¿qué haré?
REY.- ¿Qué me quieres? Dejamé.

(Guillén de Castro: Obras completas. Madrid: Biblioteca Castro, 1997, vol. I, p. 12. Ejemplos adicionales en las pp. 231, 332, 388, 403, 877, 899, 958 y 978.)
CAMILA.- ¿Tenéis sueño? ¿Persevera
el que tan sin tiempo os dio?
LOTARIO.- No, señora, antes pensaba
en lo que soñado había,
cuando soñando dormía,
y así velando soñaba.
No es muy bueno, que soñé
que atrás en el tiempo volvía,
y gozaba del mismo día
que en tus ojos me abrasé,
y llegando al corazón
con tus manos milagrosas...
CAMILA.- No digas más, que esas cosas
sueño han sido y sueños son.

(Guillén de Castro: Obras completas. Madrid: Biblioteca Castro, 1997, vol. I, p. 918.)
Mataráme esta congoja,
si con curiosa experiencia
no acrisolo su valor
y doy toque a su firmeza.
Ésta, siendo con mi honor,
sólo otro yo puede hacella,
que eres tú, Lotario, amigo,
de quien fío esta flaqueza.

(Guillén de Castro: Obras completas. Madrid: Biblioteca Castro, 1997, vol. I, p. 904.)

7.11.09

DUQUE.- ¿Y quién son?
CAMARERO.- Representantes
españoles.
DUQUE.- ¡Y españoles!
DUQUESA.- Y como en Italia están
dan gusto.
CAMARERO.- A todos le han dado;
en Roma han representado,
en Nápoles y en Milán,
y asombra su gentileza,
pero no es mucho que asombre
con las comedias de un hombre
monstruo de naturaleza.
DUQUE.- ¿Es Lope?
CAMARERO.- En él has caído
sin habértele nombrado.
DUQUE.- Por el nombre que le has dado
es de todos conocido.

(Guillén de Castro: Obras completas. Madrid: Biblioteca Castro, 1997, vol. I, p. 862.)

Endecasílabos que concluyen con adverbios esdrújulos en «-mente».

Doncellas de ropaje transparente
danzan y agitan voluptuosamente
las traslúcidas faldas,
tejiendo en su rondó, rítmicamente,
sartas de vistosísimas guirnaldas.

(Poesía romántica. Edición de Rafael Balbín. Madrid: Castalia, 1999, p. 44. Véase también Alonso de Ercilla: La Araucana. Edición de Isaías Lerner. Madrid: Cátedra, 1993, pp. 70-71. Cfr. con Guillén de Castro: Obras completas. Madrid: Biblioteca Castro, 1997, vol. I, pp. 548 y 808 [octosílabos].)
...las nubes para llover
bajan por agua al mar...

(Guillén de Castro: Obras completas. Madrid: Biblioteca Castro, 1997, vol. I, p. 790.)

El cuadrado de Durero.

[G]racias a la investigación pionera de Giehlow, ya no se puede poner en duda que ese motivo [a saber: «el cuadrado del número cuatro, al parecer grabado en metal»] aparece no sólo como signo del lado aritmético del genio melancólico sino, sobre todo, como «cuadrado mágico» en el sentido original de esa expresión. Es un talismán para atraer la influencia curativa de Júpiter; es el sustituto matemático, no pictórico, de aquellas imágenes de deidades astrales que recomendaban Ficino, Agrippa y todos los demás maestros de la magia blanca. De esta «mensula Iovis», que comprendía en sí misma todos los poderes beneficentes del «temperator Saturni», un autor del siglo XIV escribía: «El que la lleve, si tenía mala suerte la tendrá buena, si tenía buena la tendrá mejor»; y en Paracelso leemos: «Este símbolo hace afortunado a su portador en todos sus tratos, y ahuyenta todo cuidado y temor».



Durero no era aritmético, pero conocía perfectamente la significación del cuadrado mágico en la iatromatemática, y quizá sea ése el único aspecto de esta curiosa combinación de números que pudiera haber atraído su atención y retenido su interés. Esto está claro, no sólo porque los cuadrados se reconocían como símbolos de los diversos planetas en una época en la que aún no se había entrado en los problemas aritméticos que suscitaban, sino también porque, como se ha descubierto recientemente, un hombre con quien es probable que Durero estableciera contacto personal era versado en los cuadrados planetarios: Luca Pacioli, a quien Durero pudo muy bien conocer en Bolonia, aunque no fuera allí expresamente para conocerle. En efecto, Pacioli había escrito en 1500 un tratado breve sobre los símbolos de los planetas. En él cita fuentes árabes, y da una versión del cuadrado de Júpiter que tiene la misma disposición de números --que no es la única posible, ni muchísimo menos-- que aparece en la Melencolia I de Durero.

(Raymond Klibansky, Erwin Panofsky y Fritz Saxl: Saturno y la melancolía. Madrid: Alianza, 2006, pp. 313-315. Véase también la «Ilustración 1», en la p. 314: se trata del «cuadrado mágico de Marte», tal y como aparece en «un manuscrito español de hacia 1300». Cfr. con El cuadrado mágico de la Sagrada Familia, en Microsiervos; y con Los anillos de Saturno o el siete de Mann, en La Nave del Loco. En Malditas matemáticas. Alicia en el País de los Números, de Carlo Frabetti [Madrid: Alfaguara, 2008], hay un capítulo íntegro dedicado a «El cuadrado mágico». Entre las pp. 109 y 110 se lee: «Ahí tienes un cuadrado mágico de orden cuatro [...], el mismo que fue inmortalizado por Durero en su famoso grabado Melancolía. Por cierto, los dos números centrales de la fila inferior forman el año de realización del grabado: 1514».)

31.10.09

«Los girasoles ciegos», de Alberto Méndez.

Siguen algunas actividades orientadas a preparar el comentario de Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez. La selectividad manda.

[1.] Los girasoles ciegos consta de cuatro relatos, en principio, independientes. El autor, sin embargo, se preocupa de entremezclar las peripecias vitales de los distintos protagonistas. ¿Qué conexión existe entre «Si el corazón pensara dejaría de latir» y «El idioma de los muertos»? ¿Y entre «Manuscrito encontrado en el olvido» y «Los girasoles ciegos»?

[2.] Las referencias, explícitas o implícitas, a figuras y textos literarios son constantes a lo largo de la novela. ¿Quién es, por ejemplo, el «Miguel» a quien cita, en la pág. 43, el protagonista de «Manuscrito encontrado en el olvido»? ¿Quién es el autor del verso que cierra su cuaderno? Localiza otras referencias literarias a lo largo de los cuatro relatos que constituyen Los girasoles ciegos.



[3.] En «Manuscrito encontrado en el olvido», el autor se vale del vetusto recurso narrativo conocido, precisamente, como el del «manuscrito encontrado». ¿Podrías facilitar ejemplos de su utilización en otras obras literarias castellanas?

[4.] En la pág. 94, el protagonista de «El idioma de los muertos» transcribe algunas de las palabras del idioma que escucha en sueños. ¿Por medio de qué procedimiento se han formado palabras como «amortesía», «suavumbre», «colinura», «desperpecho», etc.? En el texto se proporciona el significado de algunas de ellas, pero ¿podrías deducir el sentido de las demás? (El uso del idioma, en este pasaje, se podría ilustrar con algunas lecturas paralelas de Vicente Huidobro.)

[5.] «Los girasoles ciegos» se narra a través de tres distintos discursos, de tres distintos puntos de vista que el autor se cuida de subrayar por medio de artificios tipográficos. Los segmentos en letra redonda se ponen en boca del consabido narrador en tercera persona. Ahora bien: ¿Quién es el supuesto redactor del texto en cursiva? ¿Qué rasgo de estilo caracteriza su escritura? ¿A qué genero literario pertenece su discurso? ¿Quién es su receptor? ¿Y qué obra señera de la literatura castellana se sirve del mismo recurso? ¿Quién es el supuesto redactor del texto en negrita? Sus comentarios, ¿son contemporáneos a los hechos narrados? Aunque el texto en letra redonda contiene, como se ha dicho, narración más o menos tradicional, en tercera persona, a veces introduce también distorsiones del discurso. ¿Qué distorsión, por ejemplo, afecta a los diálogos a la altura de la pág. 147?

Adiciones a «El pequeño mundo del hombre».

Leonardo da Vinci: Aforismos. Madrid: Espasa, 1976, pp. 19-20:

Los antiguos llamaban al hombre un mundo menor, designación justa, porque está compuesto de tierra, agua, aire y fuego como el cuerpo terrestre, y a él se asemeja. Si el hombre tiene sus huesos, que le sirven de armadura y sostienen su carne, el mundo tiene sus rocas que sostienen su tierra; si el hombre tiene dentro de sí un lago de sangre, donde crece y decrece el pulmón para su respiración, el cuerpo de la tierra tiene su mar océano que, cada seis horas, crece y decrece también para su respiración; si de aquel lago de sangre derivan las venas que van ramificándose por todo el organismo, análogamente el mar océano llena el cuerpo terrestre con innumerables venas de agua; pero faltan a nuestro globo los nervios, que no le han sido dados porque ellos están destinados al movimiento, y el mundo, en su perpetua estabilidad, carece de movimiento, y donde no hay movimiento los nervios son inútiles. Pero, en todo lo demás, el hombre y el mundo son semejantes.

Guillén de Castro: Obras completas. Madrid: Biblioteca Castro, 1997, p. 298:

¿Yo he de tener por mi dueño,
y dar el alma y la mano,
a un rey, que como tirano
goza deste mundo pequeño?

Pedro Espinosa (ed.): Flores de poetas ilustres. Edición de Belén Molina Huete. Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2005, p. 356:

¿Quién te hizo cosmógrafa, doncella,
que del mundo menor sabes el mapa,
las zonas y coluros de su estrella?

William Shakespeare: Ricardo II. Edición del Instituto Shakespeare. Madrid: Cátedra, 2005, p. 426:

My brain I'll prove the female to my soul,
My soul the father, and these two beget
A generation of still-breeding thoughts,
And these same thoughts people this little world,
In humours like the people of this world.

Juan Valera: Pepita Jiménez. Madrid: Alianza, 2003, p. 218:

El mundo mayor, toda esa fábrica grandiosa del Universo, dice él que sin su Dios providente le parecería sublime, pero sin orden, ni belleza, ni propósito. Y en cuanto al mundo menor, como suele llamar al hombre, tampoco le amaría si por Dios no fuera.

Sobre la presencia de la idea en Leonardo da Vinci, véase E. H. Gombrich: El legado de Apeles. Madrid: Debate, 2000, p. 52. Véase también Jack Goody: La domesticación del pensamiento salvaje. Madrid: Akal, 1977, p. 73; François Rabelais: Pantagruel. Edición de Alicia Yllera. Madrid: Cátedra, 2003, p. 145; Frances A. Yates: El arte de la memoria. Madrid: Siruela, 2005, pp. 378 y ss.; y, sobre todo, Francisco Rico: El pequeño mundo del hombre. Barcelona: Destino, 2005.

25.10.09

La tórtola.

A. Ni posa en ramo verde.

Francisco Rodríguez Marín: Luis Barahona de Soto. Estudio biográfico, bibliográfico y crítico. Madrid: Sucesores de Rivadeneyra, 1903, pp. 824-825:

Cual tórtola que pierde
Su dulce y agradable compañía,
Que sola y sin abrigo está gimiendo,
Y, ajena de alegría,
Ni posa en ramo verde,
Ni en cosa que le vaya pareciendo.


B. Ni bebe del agua clara.

Cartapacio de Francisco Morán de la Estrella. Edición de Ralph A. DiFranco, José J. Labrador Herráiz y C. Ángel Zorita. Madrid: Patrimonio Nacional, 1989, pp. 188-191:

401

CARTA DE ALISO PARA LERMA. GREGORIO IÁNEZ

[...]

La tórtola, quando pierde
su marido, es tan avara
del plaçer que nunca para
ni se asienta en rama verde
ni veve del agua clara.

Cfr. con Guillén de Castro: Obras completas. Madrid: Biblioteca Castro, 1997, vol. I, p. 109. Véase también Francisco Rico: Textos y contextos. Estudios sobre la poesía española del siglo XV. Barcelona: Crítica, 1990, pp. 1-32.