30.7.06

«Ni es cielo ni es azul.»

José Manuel Blecua (ed.): Poesía de la Edad de Oro. II. Barroco. Madrid: Castalia, 1984, p. 82:
Mas, ¿qué mucho que yo perdido ande
por un engaño tal, pues que sabemos
que nos engaña así Naturaleza?

Porque ese cielo azul que todos vemos
ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande
que no sea verdad tanta belleza!

[Lupercio o Bartolomé Leonardo de Argensola]
José Antonio Maravall: La cultura del Barroco. Barcelona: Ariel, 2002, p. 359, n. 6:
[Q]ue tal vez los ojos nuestros
se engañan, y representan
tan diferentes objetos
de lo que miran, que dejan
burlada el alma. ¿Qué más
razón, más verdad, más prueba
que el cielo azul que miramos?
¿Habrá alguno que no crea
vulgarmente que es zafiro
que hermosos rayos ostenta?
Pues ni es cielo ni es azul.

[Calderón]
(Véase también O. H. Green: «Ni es cielo ni es azul. A note on the barroquismo of Bartolomé Leonardo de Argensola», R.F.E., 34 [1950], pp. 137-150; José Antonio Maravall: Utopía y contrautopía en El Quijote. Madrid: Visor, 2006, p. 144; y Pedro Ruiz Pérez: «Los colores de la poesía en Góngora», en Yves Germain y Araceli Guillaume-Alonso [dirs.]: Les couleurs dans l’Espagne du Siècle d’Or. Écriture et symbolique. Paris: P.U.P.S., 2012, p. 142.)

26.7.06

Translatio studii.

Las ob[r]as del maestro Fernán Pérez de Oliva [...] con otras cosas que van añadidas. Córdoba: Gabriel Ramos Bejarano, 1586, f. 134r.:

Assí que el peso del mundo, y la conversación de las gentes a esta parte acuesta. Lo qual va por tal concierto, como vuo en los tiempos passados: que al principio del mundo fue el Señorio en oriente, despues mas abaxo en la Asia. Después lo vui[e]ron Persas y Caldeos: de ay vino a Egypto, de ay a Grecia, y despues a Italia, postrero a Francia.




Agora de grado en grado viniendo al occidente parecio en España, y ha habido crecimiento en pocos dias tan gra[n]de que esperamos ver su cumplimiento, sin partir ya de aqui, do lo ataja el mar, y sera tambien guardado, que no pueda huyr.


Laurence Sterne: Tristam Shandy. Madrid: Alfaguara, 2006, p. 326:

...eso pertenece al discurso de Eleazar, tal y como lo registra Josefo [...]. Eleazar admite haberlo sacado de los filósofos indios; con toda probabilidad fue Alejandro Magno quien, al irrumpir en la India tras haber arrasado Persia, robó, entre otras muchas cosas, también este pensamiento; y de esta manera fue llevado, si no por él en persona (pues ya sabemos todos que murió en Babilonia), sí al menos por alguno de sus soldados, a Grecia; de Grecia pasó a Roma, de Roma a Francia, y de Francia a Inglaterra. Porque así suceden las cosas.

Por tierra no se me ocurre ningún otro itinerario.


Sobre la «translatio studii», véase también Ignacio Navarrete: Los huérfanos de Petrarca. Poesía y teoría en la España renacentista. Madrid: Gredos, 1997, pp. 30-31. Sobre la «translatio imperii», véase Lucano: Farsalia. Madrid: Gredos, 1984, p. 114; y, sobre todo, François Rabelais: Gargantúa. Madrid: Alianza, 2008, p. 38, donde subraya:

la extraordinaria mudanza de los reinos y de los imperios:

de los asirios a los medos,
de los medos a los persas,
de los persas a los macedonios,
de los macedonios a los romanos,
de los romanos a los griegos,
de los griegos a los franceses.