Estando Marina Gil a la orilla de Henares (río que da nombre a la insigne villa de Alcalá, famosa por su nombrada vniuersidad) lauando trapos, el río creció repentinamente con auenida tan grande y tan impensada que, no perdonando a cosa ninguna de quantas topaua, a bueltas de otras muchas se lleuó a la pobre Marina con sus trapos río abaxo. Y, como era conocida por ser lauandera de los estudiantes y muy hábil en su oficio, las nueuas fueron bolando al buen Pedro Alonso, su marido, que, como no tenía otros ojos, aunque pensó finar de puro dolor oyendo que se hauía su muger ahogado, en el mismo punto con grande diligencia se puso a buscarla yendo río arriba preguntando a vnos y a otros si por dicha la hauían visto. Mas Antón Royo, doliéndose de su fatiga, le dijo: «Cuydo, compadre, que de pesar de la muerta, que Dios haya en su gloria, haueys perdido el joizio. ¿Cómo tenéys de hallarla río arriba? Sé que ellagua para abaxo corre, y para baxo van las cosas que ella lleua». «Bien estoy con eso», dixo Pero Alonso, «pero como mi muger fue toda la vida hecha al reués, pienso que irá también al reués después de muerta».
Quien acertada muerte hazer desea,
trabaje porque tal su vida sea.
(Sebastián Mey:
Fabulario. Edición facsímil de Carmen Bravo-Villasante. Madrid: F.U.E., 1975, pp. 40-42. Vid. además Sebastián Mey:
Fabulario..., p. XVIII;
Cuentos latinos de la Edad Media. Madrid: Gredos, 2006, pp. 142-143; y Domingo Ynduráin:
Estudios sobre Renacimiento y Barroco. Madrid: Cátedra, 2006, pp. 65-66.)