27.2.07

A continuación intervino Nicerato: «Os ruego que me escuchéis en qué materia seréis mejores si seguís mis enseñanzas. Sin duda sabéis que el sapientísimo Homero trató casi de todos los temas humanos. Quienquiera de vosotros que desee hacerse administrador de bienes, o buen orador político, capaz de mandar ejércitos o igualarse a Aquiles, Néstor u Odiseo, que cuide mi trato, porque soy experto en todos esos temas». «¿Y conoces también el arte de ser rey», le preguntó Antístenes, «ya que sabes que Homero alabó al propio Agamenón como buen rey y buen guerrero?». «Sí, ¡por Zeus!», dijo, «y también sé que cuando se conduce un carro hay que dar la vuelta bordeando el mojón:
y él inclinándose en el bien pulido carro
ligeramente a la izquierda, pero al caballo a la diestra
gritarle aguijoneándole y aflojar con las manos las riendas.
Sé además otra cosa que vosotros podéis experimentar al instante. Pues Homero en algún pasaje dice:
Cebolla, acompañamiento de la bebida.
Si alguien nos trae ahora una cebolla, al punto os beneficiaréis en ese aspecto, pues beberéis más a gusto».

Jenofonte: Recuerdos de Sócrates. Económico. Banquete. Apología de Sócrates. Edición de Juan Zaragoza. Madrid: Gredos, 1993, pp. 323-324. Los textos homéricos, en Il. III, 179; e Il. XI, 630. Y es que los poemas de Homero, según Eric A. Havelock:
recuerdan y enumeran continuamente las reglas de orden que había que seguir para celebrar una asamblea, tomar una decisión colectiva, organizar un banquete, armarse para la batalla, pronunciar un desafío, disponer un entierro y otros asuntos por el estilo, y aun para procedimientos técnicos como la navegación y la construcción de barcos o de casas.
(La musa aprende a escribir. Barcelona: Paidós, 1996, p. 90. Véase también Gustave Flaubert: Cartas a Louise Colet. Madrid: Siruela, 2003, p. 283: «Los libros de los que han derivado literaturas enteras, como Homero, Rabelais, son enciclopedias de su época». Cfr. con M. I. Finley: El mundo de Odiseo. Madrid: F.C.E., 1999, pp. 13 y 21. Robert Burton alude a este paso de Jenofonte en su Anatomía de la melancolía [Madrid: Alianza, 2006, p. 274].)

26.2.07

MUERTO

Quedó fijo su peso:
un platillo en el cieno;
un platillo en el cielo.

(Juan Ramón Jiménez: Segunda antolojía poética (1898-1918). Edición de Jorge Urrutia. Madrid: Espasa, 1997, p. 316. Cfr. con Luis de León: Poesía. Edición de Juan Francisco Alcina. Madrid: Cátedra, 1995, p. 204.)

25.2.07

«Più d'una lingua in bocca».

Francisco de Trillo y Figueroa: Neapolisea. Poema heroyco y panegírico. Granada: Baltasar de Bolívar y Francisco Sánchez, 1651, f. 7r.:

Asómbrame verdaderamente desatención tan grande, y más cuando considero (entre otras muchas cosas de que pudiera hacer demostración) aquella tan indecente, indecorosa, lasciva y ajena no sólo de la alteza y gravedad de un poema heroico, sino también de la civilidad de una comedia, aquella deshonestidad de octavas, canto 7, con que [Ariosto] se deja llevar de su natural italiano, hasta donde:

Del gran piacer ch'avean, lor dicer tocca;
che spesso avean più d'una lingua in bocca.


Poesía erótica de los Siglos de Oro. Edición de Pierre Alzieu, Robert Jammes e Yvan Lissorgues. Barcelona: Crítica, 2000, p. 45:

Cualquier demanda déstos me provoca;
mas, sobre todo, amor tras sí me tira,
viendo mandar dos lenguas en una boca.


Poesía erótica de los Siglos de Oro..., p. 266:

Una boca grande
no es falta en mujer,
que para dos lenguas
todo es menester.

24.2.07

El libro de la Naturaleza.

No se me oculta que todas estas cosas materiales son como las letras de un libro, son como los signos y caracteres donde el alma, atenta a su lectura, puede penetrar un hondo sentido y leer y descubrir la hermosura de Dios, que, si bien imperfectamente, está en ellas como trasunto o más bien como cifra, porque no la pintan, sino que la representan.

Juan Valera: Pepita Jiménez. Madrid: Alianza, 2003, p. 65. Véase también María Rosa Lida de Malkiel: La Idea de la Fama en la Edad Media Castellana. México: F.C.E., 1983, pp. 154ss.; Ernst Robert Curtius: Literatura europea y Edad Media Latina. México: F.C.E., 1999, vol. I, pp. 448-457; y Elizabeth L. Eisenstein: The Printing Press as an Agent of Change. New York: Cambridge University Press, 2005, sub voce «book of nature», esp. pp. 455-456.)

Addendum (27/10/07). Juan de Jáuregui: Obras. Edición de Inmaculada Ferrer de Alba. Madrid: Espasa, 1973, vol. I, pp. 59-60:

Bien te convida a levantar el vuelo
el claro sol y el número de estrellas
con que esmaltado se demuestra el cielo;

las letras mira de sus lumbres bellas:
leerás la gloria de su Autor divino:
que ellas la escriben y la anuncian ellas.


Véase también el «Romance alegórico» del vol. I, pp. 148ss., que comienza:

Mientras militaba Cristo,
sus hazañas se imprimieron
y grandezas en el mundo,
de quien hizo libro nuevo.
Doce apostólicas hojas
tuvo su primer cuaderno,
y luego dél se tradujo
la dotrina a muchos cuerpos.


Addendum (09/01/08). Véase también The Book of Nature, en Laudator Temporis Acti.

Addendum (20/05/08). Véase también Hans Bots y Françoise Waquet: La République des Lettres. [s. l.]: Belin-De Boeck, 1997, p. 49.

Addendum (24/04/09). Véase también Miguel de Unamuno: Amor y pedagogía. Edición de Bénédicte Vauthier y Manuel Otero. Barcelona: Vicens Vives, 2006, pp. 66-67:

La Naturaleza --la naturaleza con letra mayúscula, se entiende-- es un gran libro abierto al que ha de poner el hombre notas marginales e ilustraciones, señalando a la vez con lápiz rojo los más notables pasajes.
.

22.2.07

El currículo de don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz.

Islas que ha tomado: 8. Ciudades rendidas: 2. Villas asimismo [rendidas]: 22. Castillos y fuertes rendidos: 36. Capitanes generales que ha vencido: 8. Maeses de campo generales [que ha vencido]: 2. Señores de título [que ha vencido]: 2. Señores de vasallos franceses [que ha vencido]: 24. Caballeros franceses [que ha vencido]: 34. Franceses soldados y marineros tomados y rendidos: 4753. Ingleses tomados: 780. Portugueses rebelados que estaban en servicio del dicho D. Antonio en las islas y armada del río de Lisboa y en los tres galeones que estaban en Setúvar: 6950. Turcos que ha tomado y capturado: 1605. Moros, moras y muchachos asimismo tomados: 2138. Cautivos cristianos dados libertad: 1574. Galeras que ha tomado reales: 44. Galeones que asimismo tomó: 21. Bergantines [que asimismo tomó]: 27. Naos de altoborde y galeones [que asimismo tomó]: 99. Caramuales de turcos que son como naos [que asimismo tomó]: 7. Carabos moriscos, otra manera de navíos [que asimismo tomó]: 3. Artillería que ha tomado de todos estos islas y bajeles: 1814. Galeazas [que ha tomado]: 1.

(Fernando Bouza: Corre manuscrito. Una historia cultural del Siglo de Oro. Madrid: Marcial Pons, 2001, p. 250, n. 35, con documentación manuscrita del Archivo de los Marqueses de Santa Cruz, Madrid.)

19.2.07

Cuando en Lisboa una carta de amores costaba un vintém, Juan III de Avís «asentou [...] em seu concelho que convinha» que el príncipe heredero, su hijo D. Juan, Príncipe de Brasil, le escribiera una carta a su futura esposa doña Juana de Austria, la hija del Emperador. Mandó, entonces, el rey a sus cortesanos «que fizecem cartas de amores pera que de todas se escolhese a que no Conselho parecece melhor pera hir em nome do Principe à Princeza». Mientras que «cada hum se cançou em compor a sua», Simâo de Silveira, «julgando [...] este trabalho por escusado», envió a uno de sus criados al Pelourinho de Lisboa para que que de allí «lhe trousece huma carta de hum galante pera sua Dama, e que fosse a primeira que lhe mandace». Aquella carta comprada por un vintém a un escrivâo del popular Pelourinho lisboeta fue al Conselho de Juan III con todas las demás y, siendo juzgada como la mejor, fue la elegida para ser remitida a la Princesa doña Juana de Portugal.

(Fernando Bouza: Corre manuscrito. Una historia cultural del Siglo de Oro. Madrid: Marcial Pons, 2001, pp. 215-216.)

17.2.07

Entre los más curiosos episodios de la historia de la cultura escrita hispana de los siglos XVI y XVII se encuentra el del particular destino que Juan de Palafox y Mendoza ordenó para su propio corazón. Poco antes de morir en Osma, en el otoño de 1659, el Venerable entregó un papel cerrado para que su contenido se ejecutase cuando él falleciese. Lo que allí se disponía era que, al morir, «me abran el pecho y pongan dentro de mi corazón las dulcísimas palabras de Jesús, María y José, las cuales dejo con este papel, para que siempre tengan dentro de mi corazón pecho y cuerpo». En efecto, Domingo Muñoz, cirujano del cabildo de Osma, se ocupó de hacer la incisión en el pecho del difunto para que se le introdujese una tarjeta de plata «donde estaban escritos los nombres de Jesús, María y José, por una parte, y los de san Juan Bautista, san Pedro y san Juan Evangelista, por otra».

(Fernando Bouza: Corre manuscrito. Una historia cultural del Siglo de Oro. Madrid: Marcial Pons, 2001, p. 85.)

16.2.07

Una noticia extraordinaria de cómo se escribían cartas para los que no sabían hacerlo por sí mismos nos la ofrece Cristóbal de Chaves en su Relación de la cárcel de Sevilla, fechable hacia finales del reinado de Felipe II. Lo primero que sorprende es que en las prisiones sevillanas hubiera dos tiendas donde se podía comprar «papel y tinta» y que en su interior

hay muchos presos que ganan su vida a escribir cartas y billetes de amores para fuera de la cárcel; y otros que se sustentan de saber pintar al cabo de los billetes un corazón pasado con sus saetas; y otros a pintar un hombre de rodillas en el billete con unos grillos y una dama que tiene de la mano la cadena, con una copla que le sale de la boca, que declara su pasión y la enigma de la cárcel.


(Fernando Bouza: Corre manuscrito. Una historia cultural del Siglo de Oro. Madrid: Marcial Pons, 2001, pp. 71-72. Sobre la «copla que le sale de la boca», véase Evolution of Speechballoons.)

12.2.07

Después del proceso.

Venido fray Luis a Salamanca, sus frailes temerariamente lo recibieron con trompetas y atabales. Este recibimiento ofendió mucho a los inquisidores de Valladolid y de ahí a mes y medio defendieron [es decir: prohibieron] la explicación de los Cantares en romance, hecha por fray Luis de León, y este edicto en el cual se mandaba so pena de descomunión que ninguno leyese la tal explicación y quien la tuviese, la diese al Santo Oficio, se leyó en Salamanca en todos los monesterios y parrochias de esta ciudad un domingo a media misa. Y no se defendieron [de nuevo: prohibieron] estos Cantares por estar en romance, sino porque serían una declaración pestilencial, errónea y escandalosa que todo lo reducía a un amor carnal.

(Eugenio Asensio: De fray Luis de León a Quevedo y otros estudios sobre retórica, poética y humanismo. Salamanca: Universidad de Salamanca, 2005, p. 125.)

11.2.07

Federico García Lorca: Antología poética. Barcelona: Plaza & Janés, 1997, p. 159:

En la mitad del barranco
las navajas de Albacete,
bellas de sangre contraria,
relucen como los peces.


Federico García Lorca: Bodas de sangre. Madrid: Espasa, 2006, p. 158:

Y esto es un cuchillo,
un cuchillito
que apenas cabe en la mano;
pez sin escamas ni río,
para que un día señalado, entre las dos y las tres,
con este cuchillo
se queden dos hombres duros
con los labios amarillos.

10.2.07

«La despedida del revolucionario» (1910-1912), de José G. Posada.




(Zinc relief etching. From: Posada's Popular Mexican Prints. New York: Dover Publications, Inc., 1972, p. 80.)

9.2.07

Ambrosio de Morales fué bien nacido de gente honrada. Desde niño fué dado a las letras, y así, fué en ellas aventajado a los de su tiempo. Viendo los peligros del mundo, trató de entrarse en religión, y como prudente, consideró que en ninguna podría estar donde con más comodidad pudiese salvarse que en la del glorioso doctor de la Iglesia San Jerónimo. Púsolo por ejecución, y procedió con tanto ejemplo de vida, que los frailes de San Jerónimo de Córdoba, que era donde tomó el hábito, le estimaban por observantísimo religioso, y por sus muchas letras, por las cuales era conocido de todas las religiones de aquella ciudad. Sus parientes tenían concebidas grandes esperanzas, así por sus merecimientos como porque estaba en una religión a la cual la Majestad del Rey Felipe Segundo hacía más conocida merced que a ninguna de las demás, pues, en opinión de todas ellas, le dió a esta santa religión la famosa casa que él había edificado, que se llama San Lorenzo el Real de El Escorial, y por otro nombre la octava maravilla del mundo, que sin encarecimiento es la planta más perfecta y acabada, y la más rica, suntuosa que se conoce en el mundo.

Al fin, estando en este infeliz estado, y con tantas esperanzas, sucedió que después de grandes molestias y tentaciones que tenía, y particularmente un día, diciendo misa, fueron tantas las imaginaciones feas que tuvo, que en toda ella no hizo sino pedir a Dios favor y ayuda para librarse de una pelea y combate continuo; fué creciendo esta tentación más y más, en que echó de ver que la fomentaba Satanás. Al fin quedó con esto tan escarmentado, que, acabada la misa, se resolvió de hacer un hecho que sólo oírlo pone temor; y fué quitar la ocasión de su inquietud, y como lo pensó, lo puso por obra. El modo de ejecutar el suplicio fué de esta manera. Levantó una tapa de una arca grande, puso en el canto una cosa delgada, y puso a peso el sacrificio, y dejando caer la tapa, el gran peso que de suyo tenía, y lo que se le aplicó, dividió de su tronco lo que había sido tan conatural. Dió con el mucho dolor que sintió muchas voces; a ellas acudieron los frailes, y viendo el caso tan ajeno de un hombre de frailes, temiendo no se les muriese, le aconsejaron se pusiese bien con Dios. Como era de buen entendimiento, conoció su culpa, y con muchas lágrimas pidió a Dios perdón de ellas. Juntamente con esto, enviaron a las voladas a Córdoba a llamar a su padre, que era famoso médico, y preguntándole su mujer qué tenía, viéndole tan turbado, respondió: «Yo loco, y vos loca, ¿qué había de nacer sino un hijo loco, que ha hecho este disparate?».

Envió a las voladas que, mientras él iba, quemasen unos sombreros viejos, y con aquella lana quemada le restañó la sangre, y se comenzó a curar, haciendo extraordinarios remedios, con que se aseguró su vida.

Súpose el caso en la ciudad, y así chicos como grandes quedaron admirados. Al fin, quien sintió esto más de cerca fué su convento y religión, y así, cuando estuvo sano, con acuerdo de todos lo echaron de San Jerónimo de Córdoba.

(Casos notables de la ciudad de Córdoba. Córdoba: Diputación de Córdoba, 2003, pp. 111-113. Lo del «infeliz estado» debe de ser errata. Véase también Men of Parts, en Laudator Temporis Acti. Cfr. con Córdoba en tiempos de Cervantes. Córdoba: Universidad de Córdoba, 2005, pp. 164-165. Recuérdese que «the first canon of the Council of Nicaea in 325 [...] barred self-mutilators from the priesthood» [Rosemary and Darroll Pardoe: The Female Pope. The Mystery of Pope Joan. Wellingborough, Northamptonshire: Crucible, 1988, p. 57]. Bernardino de Rebolledo compara a Morales, en cuanto historiador, con Florián de Ocampo, su predecesor, del siguiente modo: «a Morales de Ocampo diferencio / en procurar más ciertas las verdades» [Rafael González Cañal: Edición crítica de los Ocios del conde de Rebolledo. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha, 1997, p. 350].)

6.2.07

¡Oh, qué secreto, damas; oh galanes,
qué secreto de amor; oh, qué secreto,
qué ilustre idea, qué sutil conceto!
¡Por Dios que es hoja de me fecit Ioanes!

(Juan Montero [ed.]: Antología poética de los siglos XVI y XVII. Madrid: Biblioteca Nueva, 2006, p. 371. Cfr. con Elena Cano Turrión [ed.]: Aunque entiendo poco griego. Fábulas mitológicas burlescas del Siglo de Oro. Córdoba: Berenice, 2007, p. 117.)

4.2.07

Luis de León, opositor.

Fray Domingo de Guzmán quiso renovar el proceso de Luis de León preguntándole si aquellas proposiciones de que le habían acusado las tornaría a defender. Dejo la palabra a Fray Domingo:

Fray Luis de León, a cabo de un buen rato, dijo que aquellas proposiciones no se las habían probado. A esto replicó Fray Domingo de Guzmán: «Cuáles fuesen aquellas proposiciones, yo no lo sé, ni me entrometo en calificarlas, que no las he visto. Pero que se probase que V. R. las dijo, no hay duda alguna. Dígame sí o no». A esto respondió Fray Luis de León a Fray Domingo de Guzmán «que mentía y que le quebraría la cabeza con una Biblia grande que tenía, encuadernada en tablas».


Hasta aquí fray Domingo. El alboroto del pueblo que siguió hizo al rector [...] levantar la sesión. La votación, en la que sin duda hubo fraudes por las dos partes, dio la cátedra a fray Luis por un solo voto. El proceso en Valladolid, al cabo de dos años, confirmó la victoria de fray Luis. Es ocioso todo comentario.

(Eugenio Asensio: De Fray Luis de León a Quevedo y otros estudios sobre retórica, poética y humanismo. Salamanca: Universidad de Salamanca, 2005, p. 114. Vid. además p. 124.)

Addendum (21/10/07). Fray Luis de León era, por lo visto, un bible thumper. Sobre ellos, vid. esto y esto, en Laudator Temporis Acti.