26.12.10

Dos años antes de rodar «El mariachi».

La historia era sencilla e inverosímil. Dos años antes de rodar El mariachi Robert Rodríguez viajó a México. Durante unos días vagabundeó por la frontera entre Chihuahua y Texas y luego bajó hacia el sur, hasta el DF, en donde se dedicó a tomar drogas y a beber. Cayó tan bajo, dijo Charly Cruz, que entraba en una pulquería antes del mediodía y salía sólo cuando cerraban y lo echaban a patadas. Al final terminó viviendo en un congal, es decir en un bule, es decir en un berreadero, es decir en la catera de las bondadosas, es decir en un burdel, en donde se hizo amigo de una puta y de su chulo, al que llamaban el Perno, que es como si al chulo de una puta lo apodaran el Pene o la Verga. Este tal Perno simpatizó con Robert Rodríguez y se portó bien con él. A veces tenía que subirlo arrastrando hasta la habitación donde dormía, otras veces entre él y su puta tenían que desnudarlo y meterlo bajo la ducha porque Robert Rodríguez perdía el conocimiento con suma facilidad. Una mañana, una de esas raras mañanas en que el futuro director de cine estaba medio sobrio, le contó que unos amigos querían hacer una película y le preguntó si él se veía capaz de hacerla. Robert Rodríguez, como ustedes se imaginarán, dijo okey maguey y el Perno se ocupó de los asuntos prácticos.

El rodaje duró tres días, según creo, y Robert Rodríguez siempre estaba borracho y drogado cuando se ponía detrás de la cámara. Por supuesto, en los títulos de crédito no aparece su nombre. El director se llama Johnny Mamerson, lo que evidentemente es una broma, pero si uno conoce el cine de Robert Rodríguez, su manera de hacer un encuadre, sus planos y contraplanos, su sentido de la velocidad, no cabe duda, se trata de él. Lo único que falta es su manera personal de montar una película, por lo que queda claro que en esta película el montaje lo realizó otra persona. Pero el director es él, de eso estoy seguro.

(Roberto Bolaño: 2666. Barcelona: Alfaguara, 2010, p. 356. El visionado tiene lugar en las pp. 405-406.)

25.12.10

«Niño-dios», de Ángela Figuera.

NIÑO-DIOS

Villancico para cantar cualquier día del año

Tenemos que ir a verle.
Él es un niño-dios.

Nació en la casa apuntalada.
(No es Navidad en las iglesias.)
Él es un niño-dios.

Su padre gana poco y bebe mucho.
(Las varas no florecen en su mano.)
Él es un niño-dios.

Su madre va por las esquinas.
(Jamás ha visto ningún ángel.)
Él es un niño-dios.

No tiene cuna ni pesebre,
ni buey ni mula. (Sólo un gato.)
Él es un niño-dios.

No irán pastores a adorarle.
No habrá presentes de los Magos.
(Falta la estrella que los guíe.)
Él es un niño-dios.

Nació en la casa apuntalada,
es feo, triste y malpocado.
Pero tenemos que ir a verle;
besar sus pies desnudos
(acaso nos perdone nuestras culpas),
porque es un niño-dios.

(Lírica española de hoy. Edición de José Luis Cano. Madrid: Cátedra, 1992, pp. 29-30. Corrijo la errata del v. 3.)

14.12.10

Castigos a Corominas: «sorbete».

SORBETE, med. s. XVII. Tom. del it. sorbetto, h. 1550, y éste del turco šerbét, íd, 1540, que a su vez se tomó del ár. šarbât, propte. plural de šárba, «sorbo, bebida» (de la misma raíz que jarabe).

(Joan Corominas: Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Madrid: Gredos, 2006, sub voce. Cfr. sin embargo con Viaje de Turquía. [1557] Edición de Fernando García Salinero. Madrid: Cátedra, 2000, pp. 473-474: «En lugar del vino tenía Zinán Baxá muchas sorbetas, que ellos llaman, que son aguas confeçionadas de cozimientos de guindas y albaricoques pasados como çiruelas pasas, y ziruelas pasas, agua con azúcar o con miel, y éstas cada día las hazían, porque no se corrompiesen». Subrayado mío. La palabra aparece de nuevo en las pp. 475 y 497. En la p. 483 se discute también sobre el «yagurt» [yogur]; véase además Juan Goytisolo: Reivindicación del conde don Julián. Madrid: Alianza, 1999, p. 173: «en cuanto al exquisito sorbete que acaban de servir a vuesa merced, la duda ofende: es etimológicamente foráneo!».)

3.12.10

«Süave Sueño, [etc.]»

Süave Sueño, tú, que en tardo vuelo
las alas perezosas blandamente
bates, de adormideras coronado,
por el puro, adormido y vago cielo,
ven a la última parte de Ocidente,
y de licor sagrado
baña mis ojos tristes, que cansado
y rendido al furor de mi tormento,
no admito algún sosiego,
y el dolor desconorta al sufrimiento;
ven a mi humilde ruego,
ven a mi ruego humilde, ¡oh amor de aquella,
que Juno te ofreció, tu ninfa bella!

Divino Sueño, gloria de mortales,
regalo dulce al mísero afligido,
Sueño amoroso, ven a quien espera
cesar del ejercicio de sus males,
y al descanso volver todo el sentido.
¿Cómo sufres que muera,
lejos de tu poder quien tuyo era?
¿No es dureza olvidar un solo pecho
en veladora pena,
que sin gozar del bien que al mundo has hecho,
de tu vigor se ajena?
Ven, Sueño alegre; Sueño, ven dichoso;
vuelve a mi alma ya, vuelve el reposo.

Sienta yo en tal estrecho tu grandeza,
baja y esparce líquido el rocío,
huya la alba que en torno resplandece;
mira mi ardiente llanto y mi tristeza
y cuánta fuerza tiene el pesar mío,
y mi frente humedece,
que ya de fuegos juntos el sol crece.
Torna, sabroso Sueño, y tus hermosas
alas suenen ahora,
y huya con sus alas presurosas
la desabrida Aurora,
y lo que en mí faltó la noche fría
termine la cercana luz del día.

Una corona, ¡oh Sueño!, de tus flores
ofrezco; tú produce el blando efeto
en los desiertos cercos de mis ojos,
que el aire entretejido con olores
halaga, y ledo mueve en dulce afeto;
y destos mis enojos
destierra, manso Sueño, los despojos.
Ven, pues, amado Sueño, ven liviano,
que del rico Orïente
despunta el tierno Febo el rayo cano.
Ven ya, Sueño clemente,
y acabará el dolor. Así te vea
en brazos de tu cara Pasitea.

(Juan Montero [ed.]: Antología poética de los siglos XVI y XVII. Madrid: Biblioteca Nueva, 2006, pp. 225-227. Los antecedentes, en More on Sleep, de Laudator Temporis Acti. Las variantes, en Fernando de Herrera: Poesía castellana original completa. Edición de Cristóbal Cuevas. Madrid: Cátedra, 1997, pp. 840-841. Véase también Antonio Alatorre: El sueño erótico en la poesía española de los Siglos de Oro. México: F.C.E., 2003, pp. 84-85 con la n. 2, en que Alatorre amaga con atribuir la canción a Burguillos.

En Golden Age Sonnets recogen otro famoso soneto [«Imagen espantosa de la muerte»], de don Lupercio Leonardo de Argensola, con traducción razonable de Alix Ingberg; véase el comentario de Antonio Alatorre, El sueño erótico..., pp. 157-158. Y no nos olvidemos, tampoco, del Primero sueño de sor Juana. Cfr. en general con Octavio Paz: Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. México: F.C.E., 2008, p. 474; y, sobre todo, con Antonio Alatorre: El sueño erótico..., passim. México: F.C.E., 2003. Sobre la silva Al sueño de Francisco de Quevedo, «que dilata en 94 versos castellanos los 19 hexámetros latinos del Somnus (Silvae, V, 4) de Estacio», véase Antonio Alatorre: El sueño erótico..., pp. 116-117; y Eugenio Asensio: De fray Luis de León a Quevedo y otros estudios sobre retórica, poética y humanismo. Salamanca: Universidad de Salamanca, 2005, p. 165.

Juan Ramón Jiménez recoge la tradición previa; véase sólo Segunda antolojía poética [1898-1918]. Edición de Jorge Urrutia. Madrid: Espasa, 1997, pp. 192-193.)